Pensábamos que iba a ser uno de esos días, felices, llenos de alegría y todos contentos. En la parrilla había de todo, lomo filete, entraña, longanizas, pollo y salchichas. La casa estaba llena, estábamos todos celebrando, riéndonos, bailando y conversando, todos nos sentíamos acogidos y bien recibidos. Nunca pensamos que el desenlace iba a hacer tan obvio.
El protagonista de la celebración había desaparecido, esfumado, hecho humo, nadie sabía donde se había metido en lo absoluto. De a poco empezó el pánico, todo el mundo estaba vuelto loco, desesperado, dudoso, todos pensamos que lo estaba pasando bien, que el era el alma de la fiesta, nunca pensamos que desaparecería de la casa. Éramos todos buscando por todos lados de la casa, en las piezas, en los baños, en la cocina, en cada rincón de la casa. Mientras mas buscábamos, mas nos desesperábamos, queríamos encontrarlo para saber que había pasado.
Luego de barias horas de búsqueda, nos dimos cuenta que la polola de mi amigo tampoco estaba, había desaparecido y nadie había reparado en eso. Nos miramos todos, nos reímos y dejamos de buscar, sospechamos y entendimos, cual era la razón.
A media hora del abandono de la búsqueda apareció, o mejor dicho aparecieron, con una sonrisa de oreja a oreja y con cara de “perdón”, suponiendo que nosotros los echaríamos de menos.
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